miércoles, 3 de febrero de 2016

Preludio...

Y entonces, de ese silencio absoluto que me rodeaba, nació la más desgarradora de las historias, la mía. Todo era silencio, oscuridad. Nada parecía tener sentido, traté de moverme y no pude, quise hablar y mis labios no se movieron, traté de ver a mi alrededor pero mis párpados estaban pegados. Tuve miedo, mucho miedo, me sentí presa del pánico durante no se cuánto tiempo, quería gritar, salir corriendo pero me era imposible moverme, desconozco el tiempo que estuve así hasta que eventualmente me cansé y perdí la conciencia...

Perdí la noción del tiempo, he despertado otra vez y continúo sin entender en dónde estoy. El cuerpo no me responde, Quiero percibir un olor, un sonido, lo que sea. Trato de concentrarme y aunque al principio no da resultado, al poco rato encuentro un olor a cloro en el ambiente, cloro mezclado con algo más dulce pero no sé que será. Un chirrido leve y madera, una puerta que se abre y cierra suavemente, escucho unos golpes secos, leves, creo que son pasos, se acercan, estoy cansada y siento que me estoy quedando dormida otra vez cuando un chirrido de metal que se arrastra me molesta, ¿qué será?, necesito descansar, estoy a punto de quedar inconsciente nuevamente hasta que un roce me saca de ahí, siento calor, no identifico en qué parte, viene de arriba y de más abajo, se siente bien, muy bien, es cálido y me tranquiliza, quiero sonreír y no sé si logré hacerlo, quiero tocar pero mis dedos no responden, estoy cansada, demasiado.

Otra vez me despierta un ruido, al principio no lo reconozco, pero poco a poco empieza a cobrar sentido, es un murmullo, pero ¿de qué? son voces, todavía no identifico de quién o de quiénes. Entonces escucho mi nombre, Ángel y me concentro.
- ¿Pero que le pasa?
- No lo sé, es como si no quisiera despertar, se abandonó. Hasta ahora no existe razón para que siga dormida.
- Necesito que despierte.
- Lo sé, pero no puedo hacer nada y tú mejor que nadie lo sabe, eres mejor doctor que yo. Tal vez despierte cuando esté lista.
- No entiendo qué le pasa, no entiendo por qué hizo lo que hizo, perdón.
- Está bien, trato de entenderte Antón, desahógate, es lo único que puedes hacer.
- Estoy muy enojado con ella, pero al mismo tiempo me siento tan perdido, tan angustiado, solo quiero que despierte, quisiera sacudirla y gritarle hasta verla abrir los ojos.
- Dale tiempo amigo, solo dale tiempo. Voy a dejarte a solas con ella, trata de calmarte, no le hace bien que te alteres.
- Gracias Javi.

La puerta se cierra y vuelvo a sentir el calor, no entiendo nada y me voy quedando dormida con ese calor y unas palabras amorosas que se repiten una y otra vez, palabras esperanzadoras...


No hay comentarios.: