Hay un olor a metal que me hace despertar, es desagradable sentirlo en la nariz, en la boca, de pronto noto mi piel seca, cuarteada, intento moverme y creo que es inútil hasta que una mano sujeta la mía.
- Amor, Ángel, ¿estás despierta? estoy aquí, Antón. Mi vida responde por favor. Perdóname. Regresa.
Antón, Antón, ¡Antón!, la sangre se me congela al instante, siento que me pongo rígida, tiemblo pero el frío no está fuera sino dentro, mi corazón se acelera tanto que incluso puedo escuchar los latidos y creo que mis manos reaccionan también porque Antón vuelve a llamarme.
- ¿Ángel? Eso es Ángel, estás ahí, mi amor abre tus ojos para mí, por favor, déjame verte.
En su voz se escucha una súplica que me confunde, quiero despertar pero no puedo, estoy muy agotada y quiero dormir, solo que ahora mi cuerpo no me deja hacerlo, en cambio parece ser más conciente de todo, Antón posa su cabeza en mi pecho y siento humedad en ese espacio, creo que está llorando. Han sido pocas las veces que ha llorado en mi presencia. Se escucha asustado, triste, impotente y algo más que no me atrevo a reconocer, ¿enojo?.
- Ángel mírame por favor, lo siento mucho, perdóname, fue mi culpa, yo te orillé a esto pero por favor regresa, todo va a cambiar, te lo prometo, te necesito.
Voy y vengo, a la deriva de la inconsciencia pero estoy segura de que él sigue aquí y tengo una mezcla de emociones, me siento temerosa pero también me siento segura, quiero abrir los ojos. Me esfuerzo, un poco más, más, creo ver luz a través de ellos, trato de articular una palabra, tengo la boca seca pero siento cómo se separan mis labios, "A..." es todo lo que sale de ellos, pero eso basta para que levante la cabeza y ponga una mano en mi cabello, me acaricia.
- Así Ángel, así amor.
Entonces se quita de mí y vuelve a los pocos segundos, siento un algodón que humedece mis labios pero eso no basta, el esfuerzo me agota y vuelvo a dormir.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario