- Ángel, ¿qué pasa?- dijo como si no pudiera recordar lo que había pasado, como si él también necesitara de una cama de hospital.
Yo no pude hacer otra cosa que estar quieta, traté de hablar pero la garganta me dolió, estaba seca y el dolor en mi pecho por la presión de su abrazo me agotaba. Sin embargo, traté de no dormirme, quise resistir, sabía que tendría que enfrentar esto en algún momento. Mientras trataba de recuperarme abrí los ojos por completo y miré alrededor. Estaba en una habitación bastante amplia, tanto que no podría considerarse de hospital, blanca por todas partes, persianas desde el techo hasta el piso, una mesita de noche con base de fierro y soporte de vidrio que sostenía un florero lleno de orquídeas, al fondo una puerta que asumo era del baño, otra puerta doble del clóset, una televisión empotrada a la pared y otra mesa más pequeña a un lado de la cama que tenía una canasta de fruta. Mi cama por supuesto era igual a cualquier otra en una clínica, tenía una sábana blanca también y una manta que hacía la función de cobija en color amarillo. No pude voltear pero el inconfundible pitido me alertó de las máquinas que tenía en la cabecera y las agujas en los brazos también me indicaron del suero y demás medicamentos que seguramente me estaban poniendo, probablemente por recomendación de mi preocupado esposo.
- Ángel, ¿estás bien?, ¿qué necesitas? voy a darte agua espera- repite al tiempo que busca un algodón para mojarme los labios como la vez anterior, luego de a poco va derramando gotas en mi boca, repite el proceso de acariciarme el cabello, darme agua, apretar mi mano y decir cuánto me ama.
La cabeza me da vueltas y no tengo idea de qué fue exactamente lo que pasó pero me duele todo el cuerpo. Estoy confundida, por un lado me siento protegida con Antón aquí pero también estoy preocupada y temerosa.
- Antón... - dice una voz que no parece ser la mía, es tosca, ronca, me raspa la garganta. No puedo hablar más y el dolor es tan fuerte que siento cómo se humedece mi rostro, ni siquiera supe cuándo empecé a llorar.
- Tranquila amor, tranquila, no te esfuerces, tienes que fortalecerte primero, estuviste dormida por cinco días. Vamos un paso a la vez, primero debes recuperarte y después habrá tiempo de hablar. Descansa, no te preocupes, yo estaré aquí contigo.
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