jueves, 8 de octubre de 2015

El inicio

¿Cómo descifrar dónde empezó? Recuerdo una época de felicidad absoluta... y luego el caos. Antes de casarnos hubo señales, señales bastante sólidas, pero después todo fue perfecto e intenté olvidarlo, creo que incluso lo hice, de que otra forma sino me hubiera casado con él.
Estábamos en la universidad, era mi primer año, teníamos un dormitorio del campus que utilizábamos cuando era tarde para volver al departamento del centro. No vivíamos precisamente juntos porque él tenía la casa que compartía con sus hermanos en el centro y yo un departamento, en la escuela yo tenía un dormitorio y él no, pero regularmente estábamos en el mismo espacio.
Había pasado nuestro primer aniversario recientemente, el que por cierto celebramos con una cena cerca del muelle, lejos de todos. Una semana después nuestros amigos organizaron una fiesta para nosotros, yo estaba muy feliz, vivía en un sueño. En los años de conocernos no habíamos tenido una discusión, cada vez que yo me enojaba él me abrazaba y tomaba el papel de hombre maduro que trata de arreglar todo de forma madura, me encantaba todo de él, me sentía libre de hacer mi vida, mis planes, sentía que tenía un impulso, un apoyo, un compañero, había aprendido a esperar por mi, a que estuviera lista para estar con él, a mis casi 18 años creí haber encontrado al amor de mi vida y en cierto sentido así fue, solo que no sabía que ese amor me iba a matar...
Llegamos a su casa para la reunión, su casa estaba en una pendiente, de un lado tenía un acceso a la calle y atrás una vista al horizonte, estaba dividida en tres niveles. En lo más alto, en el techo, Andrés tenía su estudio, ahí tenía sus cámaras, sus lápices, el arte nos unía como pasatiempo, él con la fotografía y el dibujo, yo con la pluma y los pinceles. El piso de abajo era de su hermano, luego seguía Marian su hermana y en sótano estaba él. La cita fue en el departamento de su hermana, llegaron varios amigos en común, éramos un grupo de 20 personas más o menos y la velada parecía transcurrir en calma, charlas de todo tipo, bromas, planes y demás, entonces no estaba conciente de lo que se avecinaba. Salí al balcón un momento para tomar aire, llevaba más de un par de copas y el alcohol estaba empezando a hacer efecto, acababa de salir cuando mi mejor amigo me alcanzó, lo noté nervioso pero no le di importancia, dijo que tenía algo que decirme, que había esperado mucho para hacerlo porque no estaba seguro de si debía hacerlo o no, pero finalmente se decidió.
- Barb, se que éste no es el mejor momento para decirte lo que tengo guardado, pero ya ha pasado mucho tiempo y esto no se va.
- ¿Qué pasa?- pregunté entre asustada e intrigada, generalmente nuestras charlas eran más del tipo hermano mayor-hermana menor.
- B... - dijo al tiempo que cubría el espacio entre los dos, me dio una sonrisa tímida y retiró un mechón de mi frente. - B, necesito sacar esto de mi, necesito decirte cuánto te quiero.
Sentí que mi cuerpo se tensó, intenté esbozar una sonrisa y respondí que yo también lo quería, tratando de hacer parecer todo más casual, menos íntimo y tratando de restarle importancia al asunto, sabía la respuesta que quería escuchar y el tono que necesitaba esa respuesta, pero yo era incapaz de dársela. Se acercó más e inclinó su cara sobre la mía, -sabes que es lo que quiero decir, lo siento mucho por hacer esto, te quiero y respeto a Andrés, pero creo que algo no está bien con él y contigo, tal vez me equivoco pero por favor dame una oportunidad- 
- Te equivocas, todo está bien- y en ese momento lo estaba- por favor, no sabes lo que dices, vamos adentro.
-No - dijo y se acercó un poco más. Me abrazó y me besó. Yo me quedé muy quieta y en el lapso de dos segundos sentí sus labios y luego el vacío. Andrés lo había jalado de la chaqueta mientras le gritaba que no me tocara más y que se fuera de ahí, lo empujó y le dio un golpe con el puño, que lo dejó sentado en el piso. Grité y traté de acercarme pero Andrés se volteó y por primera vez vi una mirada en su rostro que irradiaba fuego, volví a quedarme quieta.
- Bárbara, no digas nada. - dijo con un tono gélido.
Volteó a ver a mi amigo con esa misma furia, su respiración estaba agitada, estaba parado frente a mí y tenía los brazos extendidos como si me estuviera protegiendo de un gran peligro.
-Lárgate ahora mismo de mi casa antes de que termine lo que empecé y más te vale que no vuelvas a ponerle una mano encima a mi novia, ¡largo!.-
- Vale, lo siento, yo... Lo siento B.- respondió mientras se levantaba para irse. 
Entró a la casa justo cuando Marian salía al balcón para ver qué pasaba, pues escuchó que algo o alguien se caía. Andrés le dijo que no pasaba nada con toda la calma del mundo, que regresara a la casa y ella así lo hizo.
Yo seguía paralizada, vi que Andrés se asomó para comprobar que Ángel salía a paso acelerado y maldiciendo en voz alta, apoyó sus manos en la barandilla y agachó la cabeza.
- Amor, yo... - alcancé a decir mientras intenté tocar su hombro, pero antes de que pudiera apoyar completamente la mano, me sujetó por la muñeca y me gritó.
- ¡Cállate!, ¡crees que no se lo que hacías aquí con él?, ¡dime cuántas veces más ha pasado esto! - gritó casi en mi cara, estábamos tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo, su agitación y su rabia.
- Andrés, me lastimas, por favor suéltame. Te lo juro, esto nunca había pasado, ni siquiera pasó, tú llegaste y lo detuviste todo.
- ¡Ahora me reclamas por interrumpir tu beso de ensueño? ¿Qué eres? ¿Eres una cualquiera? Te habría gustado que no llegara ¿verdad?
- ¡No!, que dices. Eso no es verdad, amor...
- ¿Amor? ¡Ja!, eres una hipócrita, pero ahora mismo tenemos una reunión en la que debemos estar, así que límpiate la cara para que entremos y trata de comportarte el resto de la noche, te vas a quedar a mi lado, no creas que te vas a ir a besuquear con otro, en media hora me dirás que te sientes mal y nos vamos a retirar, ¿entendido?.
- Leo, suéltame por favor, me lastimas- alcancé a lloriquear.
- ¡Entendido? - volvió a gritar mientras me apretaba y acercaba más.
- ¡Sí! - grité.
Andrés me soltó e inmediatamente me revisé la muñeca, me dolía mucho y tenía las marcas de sus dedos, lo vi horrorizada y luego le di la espalda y caminé al otro extremo del balcón intentando detener el llanto. Estaba tan ocupada tratando de aclarar mis pensamientos que no lo escuché acercarse, me tomó por los hombros y habló muy cerca de mi oído.
- Barb, no hagas esto más difícil, límpiate la cara y vamos adentro.
- No puedo volver - sollocé.
- No me hagas esto, vamos - volvió a decir y se puso frente a mi para secar con sus dedos las lágrimas que cubrían mis mejillas - Ahora mismo estoy furioso contigo pero no vamos a dejar sola a mi hermana ni a nuestros amigos, vamos - dijo y se inclinó para besarme.
Ese fue el primero de miles de amargos besos que me dio, fue la primera vez que fui conciente de que lo nuestro no era una historia rosa y que los matices podrían ser mucho más oscuros de lo que se puede soportar, pero no me fui. En cambio, dejé que me limpiara, le devolví el beso, me arreglé la ropa y caminé de vuelta a la fiesta. Hubo algunas preguntas sobre lo que había pasado y por qué Ángel se había marchado de esa forma, pero Andrés no me dejó sola ni un minuto y contestó con una historia acerca de que habían discutido por diferencias de ideas en proyectos que compartían, en cuanto a mí, solo explicó que nos quedamos a ver el paisaje y a besarnos como cualquier pareja de enamorados. Tuve mucho cuidado de no decir nada, sonreír y media hora después un apretón en mi mano y su mirada me dijeron que era hora de irse. Esperé a que alguien pudiera escucharnos para decirle que no me sentía bien, vi como su gesto cambió al de alguien preocupado para preguntar si me quería ir y cuando dije que sí, prosiguió a despedirse de todos. Salimos y halagó lo bien que me había portado.
- Ahora vamos - y ahí estaba otra vez, el tono frío y calculador. Me llevó casi corriendo de la mano hasta las escaleras a un lado de la casa, bajamos y entramos a su departamento. Cerró la puerta con llave y volví a sentir ese miedo que parecía tan extraño en mi cuando estaba con él, entendí que nada bueno saldría de esto y que me tenía indefensa, atrapada, vulnerable y suya.
- ¿Estás contenta?- preguntó mientras se acercaba muy lento, un tono de voz que me hacía helar la sangre.
- ¿Contenta? - repetí son comprender y pude notar el temblor en mi voz.
- No te hagas la inocente, dime si estás contenta.
- No, Andrés yo...
- Yo, yo ¿qué?, te lo voy a preguntar una vez más, ¿estás contenta, por la fiesta, por nuestro aniversario, porque pudieras disfrutarlo conmigo y con tu amante? ¿cuánto tiempo llevan juntos?
- Andrés, él y yo no tenemos nada, lo sabes. Lo de hoy no se de donde vino, tal vez fue el alcohol. Ángel no pudo estar hablando en serio, somos amigos desde hace años, es tu amigo, lo conoces, por favor. - tenía mucho miedo, estaba implorando, volví a sentir humedad en los ojos y apreté los puños para que eso no se volviera un llanto incontrolable.
- Me engañaste ¿sabes?. Todos estos años, desde antes de hacerte mi novia siempre creí que solo estabas para mi, pero ahora me doy cuenta de que no es así. ¿Ya te acostaste con él?
- ¿Que dices? ¡No! tú sabes...
- ¡Yo solo se que no te acuestas conmigo, pero no puedo decir si lo haces con él! Tal vez debo dar por sentado que lo haces y entonces no debo preocuparme por cuidarte o por no lastimarte, que más da, tal vez ya no debería esperar más- amenazó cuando me sujetaba por los brazos y me sacudía, yo temblaba de miedo, no sabía que hacer.
- No por favor, no. ¡Te lo juro!, no he estado con él, con nadie. Quiero estar contigo, solo quería tiempo, por favor.
- ¿Y esperas que lo crea? Como yo lo veo, solo hay una forma de comprobarlo.
- ¡No!, ¡no, Andrés no!- grité y forcejeé, desesperada, aturdida, no podía creer lo que estuviera diciendo, lo que sugerían sus amenazas. Estallé en llanto, estaba histérica.
- ¡Cállate! - gritó y me abofeteó.
Caía sus pies llorando como loca, cubrí mi rostro con las manos incapaz de voltear a verlo y repetía sin cesar "no, por favor no". Tenía la respiración agitada, todo se nubló, solo quedábamos los dos, no se que tiempo pasó antes de que volviera a escuchar su voz, otra vez su voz, no la de antes, sino la que yo conocía, solo que más asustada.
- ¿Barb?, Barb no, perdóname. Dios, ¿qué hice?
Sentí su mano en la cabeza e instintivamente me hice hacia atrás, no soporté su tacto. Solo había dolor, la cabeza a punto de estallar, los pensamientos en un vaivén, mis sentimientos libraban una lucha que se prolongaría por años. Volteé a verlo cuando me aparté, vi su sorpresa por el acto y ¿sorpresa? cómo podía sorprenderse de que me alejara de él, no tenía derecho a estar sorprendido. Me hice un ovillo, abracé mis rodillas y escondí la cara en ellas, no había más a donde hacerme, estaba en el piso apoyando la espalda en el sillón.
- Amor perdóname, perdí el control, me volví loco. Verte ahí con Ángel me puso mal, lo siento mucho, ya se que nada ha pasado, confío en ti, pero por un momento todo se nubló, verte con él, imaginarte con cualquier otro que no sea yo... lo siento mucho, tienes que creerme por favor.
Se agachó hasta quedar frente a frente conmigo, sin saber si tocarme o no, entonces se decidió e ignorando mis protestas me atrajo hasta tenerme apoyada en su pecho en un abrazo lleno de ternura, parecía imposible que ese mismo hombre me hubiera pegado unos minutos atrás.
Poco a poco fui cediendo, me dejé arropar, lloré hasta quedar dormida y fui apenas conciente de que me cargaba para llevarme a la cama. Me quitó los zapatos, el pantalón y me cubrió con las sábanas.
En la mañana la historia fue más de lo mismo, la cabeza me martillaba, tenía los ojos hinchados y la cara me dolía. Me sorprendió ver un par de pastillas sobre la mesita de mi lado, estaba intentando enderezarme cuando Andrés me llamó.
- No te levantes, quédate ahí, mira te traje una compresa - puso una compresa sobre mi mejilla izquierda, se acurrucó sobre mi espalda y empezó a acariciarme el cabello.
- Por favor Barb, no te enfades conmigo, déjame curarte, perdóname, lo siento mucho, de verdad. No volverá a pasar, te lo juro. Pero por favor, no me dejes. Amor, dime algo por favor.
Yo no sabía que hacer, seguí recostada dándole la espalda y las lágrimas volvieron a salir, sollocé y él me dio la vuelta para que quedara viendo al techo, luego se puso encima con mucho cuidado, todo lo hacía con cuidado sin que yo entendiera por qué. Entonces, ante mi silencio me besó, me besó dulce, suave, lento, su beso fue desconcertante, una cura y un latigazo para mi alma, fue una sentencia de lo que seguiría años después. Y yo respondí ese beso, por miedo o por amor, no lo sé, pero lo hice. El beso se volvió más intenso, sentí su lengua explorando mi boca, sus manos recorriendo mis senos, sus piernas abriendo las mías y su pecho oprimiendo el mío contra el colchón. Tomó mis piernas y las elevó hasta su cadera, me sentía prisionera pero tenía miedo de pararlo, comenzó a quitarme la blusa, su cadera chocaba contra la mía, podía sentirlo ardiendo de deseo, entonces una de sus manos bajó hasta mi entrepierna, tratando de liberarme de las bragas y no pude más, no podía dejar que esta fuera mi primera vez, que si fuera como sucedieran las cosas.
- No, Leo espera, así no, no quiero que sea asi.
- ¿Qué? Si, tienes razón, perdóname - respondió jadeando. Alcanzó a disimular su molestia y optó por abrazarme, me acercó las pastillas para que las tomará y dijo que no saldríamos hasta que me sintiera bien.
Está de más decir cómo fue el resto del día o los días posteriores. Eventualmente la situación quedó atrás, él no volvió a tratarme de aquella forma y al cabo de seis meses yo ya había dejado todo atrás, achacándolo a un arranque único, habíamos hecho el amor por primera vez y me había pedido matrimonio. Incluso la relación con Ángel no se vio tan afectada, ya que nunca se enteró de lo que Andrés me hizo y acabó afreciendonos una disculpa que ambos "aceptamos" y en unos meses su desliz también parecía olvidado. 

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