lunes, 2 de noviembre de 2015

una más...

Era ella, sin duda era ella, lo supe al conocer su nombre: Liv. Sutil, dulce, delicado, necesitaba tenerla, hacer de mi noche su noche y de mi mundo el suyo, quizá hasta dejaría que conociera algo más de mi. Parecía arriesgado pensarlo pero aun así no descarté la idea de volver a verla, la necesitaba para cubrir ciertos placeres, pero antes de hacerlo, antes de involucrarla, debía sacar esa urgencia que me llevó a salir de casa en un primer momento.
Regresé al bar y fui hasta la barra, si quería algo rápido, éste era el lugar, ordené una cerveza oscura, le di un trago y saboreé su amargura en su paso por mi garganta, esperando que esa amargura se reflejara en el encuentro que esperaba tener...
Unos minutos después, una rubia coqueta se sentó junto a mi, le sonreí y el efecto fue inmediato, casi pude saborear el momento próximo, sabía que sería fácil, dije las frases habituales, las preguntas de rigor y la invitación: "hola (sonrisa)", "¿esperas a alguien? (cara de inocente curiosidad)", "¿te invito un trago? (otra sonrisa)", "soy Antón (sí, nunca des tu nombre real) y ¿tú eres? (sonrisa arrebatadora)", "¿otra ronda? (un ligero acercamiento, un roce, otra sonrisa y listo)". Después de eso la invité a bailar, el ritmo de la música en el lugar se prestaba para estar juntos, así que rocé su cuerpo tantas veces como pude, sentí sus muslos bajo su pantalón, sus caderas y cintura desnudas, sus delgados brazos, olí su cabello cuando me atreví a besar su cuello, busqué excitarla de cualquier forma posible mientras movíamos nuestros cuerpos al ritmo acompasado de la música, fue una experiencia sensual, intensa, erótica, el objetivo era tenerla lista para cuando necesitara usarla, usarla y desecharla. Ella sonreía al principio, aunque poco a poco esa sonrisa dio paso a un gesto erótico, su respiración se volvió agitada, podía sentir su pulso ir más rápido, tenía los labios entreabiertos y cada vez que me acercaba intentaba besarme, yo me aproveché de eso y acariciaba sus labios con los míos, pasaba la lengua sobre ellos y la provocaba, intentó sujetar mi cara pero le di la vuelta y pegué su cuerpo al mío, quise que me sintiera, que se entregara a su terrible destino, ella no sabía que sería mía, pero yo sí sabía que serían sus últimas horas, así que quise gozar de ella mientras existiera. Le di un poco más de tiempo hasta que prácticamente suplicó, esta chica salió por una razón, estaba sola, excitada, con un atuendo sumamente provocativo y esa actitud que dice "quiero una aventura de una noche", bastó una frase para llevarla a la parte de atrás del establecimiento en una callejuela oscura, la besé hasta que sus labios no soportaron más, jugué con su lengua, mordí sus labios, su cuello, jalé su cabello para hacer más espacio, metí la mano en sus jeans y busqué el centro entre sus piernas, la sentí húmeda, caliente, con urgencias que la hacían vibrar al toque más ligero, tenía que hacer algo más pero no había tiempo ni había un espacio para ello, sentí frustración y enterré los dedos más profundo en ella haciéndola gritar y de inmediato ahogué ese grito con un beso. Me pidió que fuéramos a su departamento y consideré la idea por un segundo, pero ello implicaba dejar más huellas en sitios donde no quería ser ubicado, así que aproveché su éxtasis y en el último minuto saqué una navaja de mi pantalón y corté una de sus muñecas, la besé para que no gritara y corté la otra, había sangre y el riesgo de que continuara gritando, así que corté su garganta. Solo quedaba una huella, la senté junto a un contenedor de basura, tomé el abrigo que había puesto sobre unas cajas, me lo puse y de la bolsa interior saqué un frasco envuelto en plástico, lo abrí y con sumo cuidado vacié el contenido en su boca. Cuando me di la vuelta el ácido ya había empezado a actuar, estaba todo arreglado. Di vuelta en la esquina, caminé una cuadra, di vuelta en la esquina, abrí el auto, lo encendí y me fui de ahí. La noche estaba completa.
Hice una nota mental para buscar un departamento donde pudiera actuar mejor y en el que no fuera posible rastrearme.

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