No tengo ánimo de nada, mover cualquier músculo me resulta insoportable y levantarme implica acudir a la imperiosa necesidad de verme en el espejo. Lo que menos necesito en estos momentos es verme en un maldito espejo, no quiero ver la cara magullada de una pobre infeliz que se dejó pisotear, no me apetece ver mi rostro hinchado y amoratado, no quiero abrir los ojos si quiera, porque cuando los abro, veo mis brazos y las marcas que hay en ellos, veo las muñecas rojas con el dibujo de las cintas. Me revuelvo entre las sábanas y el puro tacto de la seda me escoce la piel, tengo las piernas igualmente cortadas, con manchas rojas, moradas y verdes que se han ido acumulando al paso de los días y luchan por cicatrizar una sobre otra. Me quiero morir. Pero ni para eso tengo fuerzas.
Estoy quieta, inmóvil y prácticamente inconciente cuando de repente escucho un ruido que rompe con el silencia que me rodea, es el motor de un auto, su auto. De inmediato el pánico me invade, abro los ojos y la respiración se me acelera, mi corazón late a mil por hora y empiezo a sudar.
Se detiene. Hago un esfuerzo por escuchar la puerta, por oír algo, lo que sea. Entonces ahí está, la llave, la cerradura girando y la puerta que se abre al tiempo que borbotones de lágrimas comienzan a salir y empaparlo todo, mi cara, la sábana, la almohada, se pondrá furioso. Toda la semana ha estado furioso. Toda la semana ha estado a nada de hacerme trizas.
Me concentro un poco más y escucho el tintineo de las llaves sobre la mesa, el portafolios en el piso y sus pasos. No hay saludo, cuando está enojado nunca hay saludo. Los pasos hacen eco en la casa y mi corazón late todavía más rápido, escucho mi propio pulso en los oídos y cierro los ojos. Un pensamiento infantil y estúpido, si no lo veo no existe. Aprieto los ojos e imagino que no estoy ahí, que estoy lejos, fuera, con mis niños. Lejos.
Pero es imposible, la cerradura gira y está dentro.
Exhala en un bufido cargado de frustración cuando entra, yo sigo inmóvil. Avanza por la habitación hasta la silla del tocador y deja el saco, la corbata, la camisa. Siento el peso de su cuerpo cuando se sienta al borde de la cama, junto a mis pies y el silencio es estremecedor. Solo escucho mi corazón latir. Se quita los zapatos, los calcetines, deja el cinturón en el tocador y luego pone el pantalón con la demás ropa, se lo que hace sin necesidad de verlo, conozco todos sus movimientos. Ahora que se ha quedado en bóxer y playera entra al baño y escucho correr el agua, está llenando la bañera.
Regresa, se acerca a la cama y a pesar de que no he abierto los ojos se que puede ver las lágrimas sobre mis mejillas y el subir y bajar de mi pecho.
Suspira y acerca su rostro al mío, siento sus labios en la mejilla y un -lo siento- al oído.
- abre los ojos- me dice y a penas puedo abrir la boca para decir -no-
- abre los ojos- repite
- no, por favor no- y me encojo
- mi cielo, mírame por favor, quiero que me veas, necesito ver tus ojos, no voy a lastimarte mas, lo prometo, solo... Solo no me hagas enojar otra vez- y en esa última frase incrementa el tono, siento su enojo crecer y mi pánico me congela pero hago un esfuerzo mayor para abrir los ojos y verlo.
- muy bien amor, gracias- y sonríe - ven apóyate - me toma en brazos y la sábana se desliza por mi piel, ahora lo recuerdo, estoy desnuda. Lo único que nos separa es el algodón de su camiseta, él quiere que abra los ojos y hago un esfuerzo sobrehumano para conseguirlo, se que las consecuencias serán graves.
Me deposita en la bañera, el agua está tibia, lo cual me sorprende. Ayer me bañó con el agua fría, antier hervía. Termina de desnudarse y entra conmigo, recarga mi espalda en su pecho, toma un poco de jabón, lo frota hasta que hace espuma y luego cubre mi cuerpo con él. Siento sus manos por todas partes, en el cuello, los senos, el estómago, las piernas, toca todo lo que está a su alcance y mientras lo hace incrementa la espera. Una vez que ha cubierto lo básico vierte otra espuma en su mano izquierda y mientras me sostiene la cabeza con la derecha, esparce lentamente por el cuello y puedo oler el aroma a flores, acerca su rostro a mi oído y empieza a hablarme por lo bajo, pide perdón, dice que me ama, que me desea... apoya mi cabeza en su hombro y ocupa las dos manos para tocarme los senos, me acaricia como solo él sabe hacerlo, pero el dolor que siento es más fuerte, me invade por completo, es abrumador. Mientras que para él resulta todo lo contrario, puedo sentir su cuerpo, su erección creciente y el calor que emana y me quema.
- mmm... eres deliciosa- dice mientras acaricia un pezón y me besa en el cuello - tan exquisita- baja un poco más hasta mi vientre -incluso cuando estás así- repite al tiempo que me toca las nalgas con ambas manos.
-quiero estar bien contigo, lo siento, de verdad lo siento, déjame estar bien contigo por favor- dice al tiempo que acaricia mis pierna, empiezo a derramar lágrimas de forma silenciosa, sabiendo que el desenlace es inevitable.
- quiero estar dentro de ti - murmura con voz ronca cuando desliza su mano hasta mi pubis - ábrete, ábrete para mi por favor, déjame entrar- parece suplicar cuando uno de sus dedos roza más allá de todo. Pongo las manos y trato de retirarlo pero me lo niega - No nena, no por favor, quiero estar bien contigo, no me obligues a cambiar de parecer- aprieta mis manos y las pone sobre el borde de la tina. - Ya sabes qué hacer, déjame, sabes que es mejor si me dejas- y hago lo que me dice mientras vuelve a lo que dejó pendiente, me separa las piernas e introduce un dedo en mi interior, lento, luego dos, lento, me besa en el cuello y con la otra mano acaricia mi pecho - siente, ¿lo haces? contéstame- con un hilo de voz respondo que si y él aprovecha para levantarme y posarme sobre su erección.
Lo siento dentro de mi, me sujeta por el abdomen en un abrazo mordaz y con la otra mano me acaricia el pubis, los senos, la cara, el cabello, y repite como un mantra que me ama y quiere estar bien conmigo, que esta vez será diferente, sé perfectamente que no será así. A diferencia de los días pasados, se muestra tierno, es amable y delicado, me toca y se hunde en mi lentamente, sintiendo cada milímetro de mi y a la espera de que yo haga lo mismo. De alguna forma se que todo acaba hoy, siempre es así, cuando termina conmigo, cuando su humor cambia, se vuelve tierno y amoroso, mi cuerpo lo conoce bien y reacciona ante ello. Escucho su respiración agitada, su abrazo se hace más fuerte, su ritmo se incrementa, el agua cae de la bañera al piso y yo trato de sujetarme con todas mis fuerzas a la orilla, me duele. Más que el dolor físico, hay un dolor dentro de mi, uno más profundo, escucho y siento como él se pierde hasta alcanzar el orgasmo y justo en ese momento creo alcanzarlo yo también, pero un mar de lágrimas se derrama con mayor intensidad, trato de no hacer ruido, no quiero que todo empeore. Él se relaja, me besa con ternura en el cabello, pero cuando gira mi rostro para besarme en los labios se da cuenta de todo, del dolor, la desesperación, la angustia, su expresión se endurece y al ver el terror en mi, se contiene o al menos eso creo. Da un largo suspiro, me quita de encima de él, se levanta y me ayuda a incorporarme, no había estado de pie desde hace dos días y apenas ahora soy conciente del dolor en las costillas, hago una mueca de dolor y me inclino, me arroja una toalla y en tono seco dice "sécate", lo hago con mucho esfuerzo y pareciera que eso mueve algo dentro de él, se acerca y al ver que me paralizo cierra los ojos exasperado, aunque no se si con él o conmigo.
Se relaja y se acerca despacio, me abraza y continúa secándome -lo siento- dice- era en serio cuando dije que quería estar bien contigo, discúlpame, ven-
Me carga y me lleva hasta la cama todavía enrollada en la toalla. Con mucho cuidado me descubre y yo tiemblo aunque no se si es por el frío, el dolor, el miedo, estoy hecha un ovillo y con los ojos cerrados para tratar de contener el llanto y no ver si es que va a lastimarme otra vez. Lo escucho maldecir.
-¡Demonios!, ¡de verdad no se qué hacer contigo o conmigo! Te amo Bárbara, pero esto es imposible, mírate, mira cómo te he dejado. Dios, lo que te he hecho- dice como derrotado.
-Por favor Bárbara mírame, entiende que estoy arrepentido, me duele mucho verte así pero debes entenderme, acabo de disculparme, de hacerte el amor y mira como te pones. Esto es increíble, tú eres increíble, por favor no voy a pedir que te disculpes esta vez, soy yo el que lo siente, solo no quiero perderte.
Le escucho dolido pero no debo creerle, abro la boca y alcanzo a articular un "lo siento".
-No nena, no- dice suplicante y en segundos lo tengo sobre mí otra vez -Te necesito, por favor déjame estar en ti una vez más- pide al tiempo que me besa la cara, el cuello, los senos y se que si me niego será peor que hace dos días cuando viví esta misma escena, muevo la cabeza en un sí que me desgarra y él sonríe -Sí- repite triunfante- abrázame, apriétame anda-. Lo rodeo con las piernas a pesar del dolor que siento y dejo las manos sobre mi cabeza. Siento primero sus dedos antes que su miembro, él me besa y me esfuerzo por complacerle, para evitar que me mate.
Cuando acaba cuida de mí, cura las heridas superficiales y me ayuda a vestirme para ir al hospital y hacerme una revisión, para comprobar que tan duro puede golpear la próxima vez.
Me deposita en la bañera, el agua está tibia, lo cual me sorprende. Ayer me bañó con el agua fría, antier hervía. Termina de desnudarse y entra conmigo, recarga mi espalda en su pecho, toma un poco de jabón, lo frota hasta que hace espuma y luego cubre mi cuerpo con él. Siento sus manos por todas partes, en el cuello, los senos, el estómago, las piernas, toca todo lo que está a su alcance y mientras lo hace incrementa la espera. Una vez que ha cubierto lo básico vierte otra espuma en su mano izquierda y mientras me sostiene la cabeza con la derecha, esparce lentamente por el cuello y puedo oler el aroma a flores, acerca su rostro a mi oído y empieza a hablarme por lo bajo, pide perdón, dice que me ama, que me desea... apoya mi cabeza en su hombro y ocupa las dos manos para tocarme los senos, me acaricia como solo él sabe hacerlo, pero el dolor que siento es más fuerte, me invade por completo, es abrumador. Mientras que para él resulta todo lo contrario, puedo sentir su cuerpo, su erección creciente y el calor que emana y me quema.
- mmm... eres deliciosa- dice mientras acaricia un pezón y me besa en el cuello - tan exquisita- baja un poco más hasta mi vientre -incluso cuando estás así- repite al tiempo que me toca las nalgas con ambas manos.
-quiero estar bien contigo, lo siento, de verdad lo siento, déjame estar bien contigo por favor- dice al tiempo que acaricia mis pierna, empiezo a derramar lágrimas de forma silenciosa, sabiendo que el desenlace es inevitable.
- quiero estar dentro de ti - murmura con voz ronca cuando desliza su mano hasta mi pubis - ábrete, ábrete para mi por favor, déjame entrar- parece suplicar cuando uno de sus dedos roza más allá de todo. Pongo las manos y trato de retirarlo pero me lo niega - No nena, no por favor, quiero estar bien contigo, no me obligues a cambiar de parecer- aprieta mis manos y las pone sobre el borde de la tina. - Ya sabes qué hacer, déjame, sabes que es mejor si me dejas- y hago lo que me dice mientras vuelve a lo que dejó pendiente, me separa las piernas e introduce un dedo en mi interior, lento, luego dos, lento, me besa en el cuello y con la otra mano acaricia mi pecho - siente, ¿lo haces? contéstame- con un hilo de voz respondo que si y él aprovecha para levantarme y posarme sobre su erección.
Lo siento dentro de mi, me sujeta por el abdomen en un abrazo mordaz y con la otra mano me acaricia el pubis, los senos, la cara, el cabello, y repite como un mantra que me ama y quiere estar bien conmigo, que esta vez será diferente, sé perfectamente que no será así. A diferencia de los días pasados, se muestra tierno, es amable y delicado, me toca y se hunde en mi lentamente, sintiendo cada milímetro de mi y a la espera de que yo haga lo mismo. De alguna forma se que todo acaba hoy, siempre es así, cuando termina conmigo, cuando su humor cambia, se vuelve tierno y amoroso, mi cuerpo lo conoce bien y reacciona ante ello. Escucho su respiración agitada, su abrazo se hace más fuerte, su ritmo se incrementa, el agua cae de la bañera al piso y yo trato de sujetarme con todas mis fuerzas a la orilla, me duele. Más que el dolor físico, hay un dolor dentro de mi, uno más profundo, escucho y siento como él se pierde hasta alcanzar el orgasmo y justo en ese momento creo alcanzarlo yo también, pero un mar de lágrimas se derrama con mayor intensidad, trato de no hacer ruido, no quiero que todo empeore. Él se relaja, me besa con ternura en el cabello, pero cuando gira mi rostro para besarme en los labios se da cuenta de todo, del dolor, la desesperación, la angustia, su expresión se endurece y al ver el terror en mi, se contiene o al menos eso creo. Da un largo suspiro, me quita de encima de él, se levanta y me ayuda a incorporarme, no había estado de pie desde hace dos días y apenas ahora soy conciente del dolor en las costillas, hago una mueca de dolor y me inclino, me arroja una toalla y en tono seco dice "sécate", lo hago con mucho esfuerzo y pareciera que eso mueve algo dentro de él, se acerca y al ver que me paralizo cierra los ojos exasperado, aunque no se si con él o conmigo.
Se relaja y se acerca despacio, me abraza y continúa secándome -lo siento- dice- era en serio cuando dije que quería estar bien contigo, discúlpame, ven-
Me carga y me lleva hasta la cama todavía enrollada en la toalla. Con mucho cuidado me descubre y yo tiemblo aunque no se si es por el frío, el dolor, el miedo, estoy hecha un ovillo y con los ojos cerrados para tratar de contener el llanto y no ver si es que va a lastimarme otra vez. Lo escucho maldecir.
-¡Demonios!, ¡de verdad no se qué hacer contigo o conmigo! Te amo Bárbara, pero esto es imposible, mírate, mira cómo te he dejado. Dios, lo que te he hecho- dice como derrotado.
-Por favor Bárbara mírame, entiende que estoy arrepentido, me duele mucho verte así pero debes entenderme, acabo de disculparme, de hacerte el amor y mira como te pones. Esto es increíble, tú eres increíble, por favor no voy a pedir que te disculpes esta vez, soy yo el que lo siente, solo no quiero perderte.
Le escucho dolido pero no debo creerle, abro la boca y alcanzo a articular un "lo siento".
-No nena, no- dice suplicante y en segundos lo tengo sobre mí otra vez -Te necesito, por favor déjame estar en ti una vez más- pide al tiempo que me besa la cara, el cuello, los senos y se que si me niego será peor que hace dos días cuando viví esta misma escena, muevo la cabeza en un sí que me desgarra y él sonríe -Sí- repite triunfante- abrázame, apriétame anda-. Lo rodeo con las piernas a pesar del dolor que siento y dejo las manos sobre mi cabeza. Siento primero sus dedos antes que su miembro, él me besa y me esfuerzo por complacerle, para evitar que me mate.
Cuando acaba cuida de mí, cura las heridas superficiales y me ayuda a vestirme para ir al hospital y hacerme una revisión, para comprobar que tan duro puede golpear la próxima vez.
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