Es la segunda vez que hago un recorrido por la playa desde que todo pasó, y por increíble que parezca encuentro cierta paz en el hecho de venir aquí y recordar.
No es el hecho en sí lo que me tranquiliza, no me interesa recordarlo. Ellas no me interesan. Tal vez en su momento me recordaron una parte, un rasgo de mi esposa, pero después volvieron a ser nada. Fueron cuerpos inertes que la policía encontró.
Hasta ahora no tienen pistas ni acusaciones en contra de nadie, por supuesto tampoco contra mi. He procurado ser discreto, claro que me han visto y no dudo que a pesar de que los médicos no somos celebridades, alguien pueda ubicarme por Barb, aunque tampoco he pasado mucho tiempo cerca de esas mujeres.
Cada vez que recorro este tramo ya sea corriendo o caminando, invariablemente me detengo un poco, unos segundos apenas perceptibles, frente al lugar donde las dejé. Ya no podré llevarlas ahí, después de dos cuerpos la zona está vigilada.
Llevo cerca de 30 minutos corriendo pero no consigo agotarme, aunque el sudor en mi espalda diga lo contrario. He practicado esta rutina por tres semanas, dos veces en esta playa, tres en el malecón cerca del hospital, cinco en el vecindario y cinco más por el bosque. Supongo que en mi caso nada cambia por obra y gracia del ejercicio, tampoco han servido las charlas con mi hermano sobre lo mucho que debo luchar por mis hijos, ni las tardes de juego con ellos, las cuales son escasas por cierto.
No es el hecho en sí lo que me tranquiliza, no me interesa recordarlo. Ellas no me interesan. Tal vez en su momento me recordaron una parte, un rasgo de mi esposa, pero después volvieron a ser nada. Fueron cuerpos inertes que la policía encontró.
Hasta ahora no tienen pistas ni acusaciones en contra de nadie, por supuesto tampoco contra mi. He procurado ser discreto, claro que me han visto y no dudo que a pesar de que los médicos no somos celebridades, alguien pueda ubicarme por Barb, aunque tampoco he pasado mucho tiempo cerca de esas mujeres.
Cada vez que recorro este tramo ya sea corriendo o caminando, invariablemente me detengo un poco, unos segundos apenas perceptibles, frente al lugar donde las dejé. Ya no podré llevarlas ahí, después de dos cuerpos la zona está vigilada.
Llevo cerca de 30 minutos corriendo pero no consigo agotarme, aunque el sudor en mi espalda diga lo contrario. He practicado esta rutina por tres semanas, dos veces en esta playa, tres en el malecón cerca del hospital, cinco en el vecindario y cinco más por el bosque. Supongo que en mi caso nada cambia por obra y gracia del ejercicio, tampoco han servido las charlas con mi hermano sobre lo mucho que debo luchar por mis hijos, ni las tardes de juego con ellos, las cuales son escasas por cierto.
Esta noche volveré a salir, aunque sigo sin saber qué es lo que busco, siempre creo buscar un espacio para perderme, para no pensar, un espacio en el que las voces y los recuerdos ya no sean plausibles, ya no duelan. Todas la veces son iguales, espero encontrar una mujer que me haga olvidar su recuerdo, que borre por lo menos una parte de sus huellas, al menos una de ellas. Espero llegar a donde sea y ver que existe alguien capaz de hacerme olvidar su sonrisa, sus rasgos, su aroma, pero es imposible, solo pido un minuto sin ella y sin este tormento, pero ese minuto no llega...
Hasta ahora, solo he sido capaz de perderme en el olor de la sangre, en ese mar carmín que me envuelve como la envolvió a ella en esa bañera, y es en esos segundos cuando creo entender su desesperación y el por qué de hacer lo que hizo, ahora se por qué se envolvió en esa sábana roja que brotaba de sus manos y de sus piernas hasta morir.
Hasta ahora, solo he sido capaz de perderme en el olor de la sangre, en ese mar carmín que me envuelve como la envolvió a ella en esa bañera, y es en esos segundos cuando creo entender su desesperación y el por qué de hacer lo que hizo, ahora se por qué se envolvió en esa sábana roja que brotaba de sus manos y de sus piernas hasta morir.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario