Un día más en la penumbra, tengo dos días sin salir de la casa y apenas me he atrevido a darle la cara a los niños, ahora empiezo a entender a mi mujer y esos días grises en los que se enclaustraba y no tenga fuerzas para encarar al mundo con todas esas preguntas, peticiones, consejos, responsabilidades, obligaciones y mil asuntos que agobian a una mente ya de por sí cansada de vivir. Anoche me acosté pensando en lo tranquilo que era todo antes de que todo se fuera a la mierda, antes de que empezáramos a hilar esta terrible historia, cuando recién la conocí y en lo feliz e inocente que ella tuvo que haber sido antes de saber de mi existencia.
Ahora solo me queda el recuerdo, sus pertenencias y nuestros hijos, quienes precisamente ayer me preguntaban por qué su mami los había dejado, por qué se había enfermado y no se cuidó para estar con ellos, espero que un día lo entiendan y puedan perdonarme por la muerte de su madre. Ojalá un día yo pueda perdonarme por su muerte.
Traté de hacer mi rutina de forma habitual, bueno, lo más normal posible, sin duda alguna mi semblante reflejaba un dejo de ¿tristeza?, ¿apatía?, ¿cansancio?, ¿soledad?, no entiendo de qué, pero la nana, el chofer y el ama de llaves me preguntaron en más de una ocasión si todo estaba bien, eso sin contar a mis colegas del trabajo y hasta mis hijos que preguntaron si ya estaba bien para estar con ellos. Los amo, eso sin duda lo sé, pero también entiendo por qué Bárbara siempre quiso tenerlos lejos, era para que no vieran toda la porquería que la estaba consumiendo y que ahora me consume a mí. Y ya no puedo ver la hora de alejarlos, quiero tenerlos lejos de aquí.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario