Cierto
día de abril, mi jefa insistió en realizar un reportaje sobre la vida dentro el
matrimonio Navarro del Ángel y así me di a la tarea de investigar. Realicé
entrevistas, tomé fotografías e inicié mi reportaje. Así fue como pude conocer
al fin a la renombrada pareja. Primero su representante me concedió una
entrevista en las oficinas centrales de la revista T Mags, donde tuve que dar los pormenores del proyecto y al cabo de
un par de semanas la mismísima Bárbara se puso en contacto conmigo.
Tuvimos
una pequeña entrevista en la sala de su casa, ella y su marido fueron muy
amables, me contaron como se conocieron y como había sido su vida de casados
hasta ese momento. La entrevista parecía marchar a la perfección y digo parecía
porque a pesar de los esfuerzos de ambos por hacerme sentir cómoda, algo en su
comportamiento me resultaba extraño; él interpretaba el papel de amante
amoroso, tomándola siempre de la mano y buscando en todo momento una excusa
para abrazarla y decir algún cumplido de ella. Sin embargo, cada vez que él la
tocaba no podía dejar de ver que ella se mostraba incómoda, cautelosa de lo que
hacía o decía, cuidando cada palabra y gesto. No teníamos más de media hora
cuando Bárbara dijo sentir un severo dolor en el abdomen. De inmediato su
esposo me pidió que los disculpara y así fue como mi entrevista fue suspendida.
Mientras
salía pude ver como una mujer a quien reconocí como una especie de ama de
llaves corría para auxiliar a la pareja y otro que se veía como el chofer
corría por el auto luego de la orden de su jefe.
El
diagnóstico
Debido a
que los únicos presentes durante el ataque la señora Navarro, su marido y una
servidora, la noticia no trascendió. Para mi la instrucción fue clara, no
hablar de lo ocurrido a menos que quisiera ver cancelado mi proyecto.
Esperé
varios días a que volvieran a ponerse en contacto conmigo, obviamente pregunté
por la salud de Bárbara pero solo me dijeron que ella estaba bien y nuevamente
la historia de un desgaste por estrés salió a relucir.
Aunque
como toda reportera conseguí una fuente dentro del hospital en el que había sido atendida en todas las ocasiones y ésta me confirmó lo que sospechaba; no
era solo estrés, al parecer había rumores de que en sus análisis habían
encontrado rastros de alguna droga. Nuevamente no se le permitió la entrada a
nadie y el único a cargo de su cuidado fue el Dr. Navarro.
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