domingo, 26 de octubre de 2014

No me extrañes

Entró sin escuchar los ruidos característicos de su casa, todas las luces estaban apagadas aunque él sabía que no estaba solo, Barb estaba en casa, los últimos días apenas se había podido levantar, la llamó y no obtuvo respuesta, pudo haber pensado que estaba dormida pero tuvo la sensación de que no era así. Dejó sus cosas a la entrada y subió las escaleras lo más rápido que pudo, llamándola a cada paso que daba y conforme avanzaba la angustia se apoderaba de él recordando las últimas palabras que había escuchado de su boca esa mañana, "no me extrañes hoy". Llegó al cuarto y encontró la cama revuelta y vacía, miró alrededor y vio lo mismo de cada día, las medicinas en la mesa de noche, el vaso agua junto a la cama, un libro en el buró. Entonces vio la luz del baño encendida y la puerta entreabierta, corrió hacia esta y pisó el charco de agua bajo sus pies. Abrió la puerta y la encontró, la escena que mas había temido desde hace meses, siempre imaginándola diferente, siempre creyendo que la salvaría, ahí estaba su esposa, recostada en la tina de baño en un mar rojo creado por su propia sangre que se extendía por fuera de la bañera como un manto. El agua aun corría. Leo tiró el saco y corrió a coger a Barb, tocó sus muñecas y buscó una toalla para presionar las heridas, cerró el grifo y levantó su cabeza, la llamó una y mil veces de todas las formas posibles mientras intentaba contener la desesperación y la cargaba para llevarla a la cama donde la cubrió con una bata de baño, cuidó de contener la hemorragia y la volvió a cargar para llevarla al coche.
Una vez dentro llamó al hospital y dio las instrucciones para que tuvieran todo listo. Manejó lo más rápido que pudo y llegó para ser recibido por una camilla. Leo no tenía idea de cuanto tiempo había pasado desde que la encontró, por lo que debía ser rápido. De inmediato la ingresó a urgencias en el espacio que tenía reservado para su familia, la atendió y pidió los análisis necesarios. Una ventaja de ser el dueño de tu propio hospital era poder entrar y salir se él con total secrecía y personal disponible a toda hora.
Los minutos corrían como si tuvieran prisa por concluir con ese episodio, Barb seguía dormida y no respondía. Aparte de sus muñecas ella había tomado un frasco de pastillas para dormir e intentó cortarse la ingle. Leo no podía apartarse de su lado en la cama del hospital y viéndola así de frágil entendió la desesperación que ella vivía. Se sintió desolado y comprendió lo que le había hecho a ella. Arrepentirse no serviría de nada, solo restaba esperar y la espera no duró tanto, pues un par de horas más tarde ella murió. No como víctima del cáncer que una vez tuvo, no en el accidente donde su auto volcó cuando tenía 20 años ni presa del asalto de tres años atrás en su tienda. Murió tan apacible como se veía cuando dormía y tan atormentada como había llegado a estar por causa de él, murió por buscar una salida de él.

No hay comentarios.: