Varias veces al día siento que he muerto, que vivo una doble vida, una triple vida, cuatro realidades a la par, todas juntas, todas diferentes. Como si al caminar por la calle vislumbrara un obstáculo y de pronto tropezara, pero en realidad no pasó, solo lo pensé. Y entonces, ese singular pensamiento continúa en una realidad paralela y yo sigo caminando, pensando dos vidas, dos mundos, experimentando dos sensaciones, todo a la vez y al mismo tiempo nada, siento y vivo esa otra posibilidad que no me deja concentrarme en la vida que realmente estoy llevando. Todos los días, cada día, siempre es un fastidio vivir y no vivir, estar y no estar.
Cada día o la mayoría de ellos, despierto y tengo esta necesidad de acabar con todo, quiero volver a cerrar los ojos y hundirme en un sueño profundo, pero el sueño no está, se ha ido. Me convierto en marioneta de mi insomnio, en nada, en todo. En un todo y me sofoco, soy asfixiante, terrible, una noche sin estrellas, sin viento, sin luna, cargada de absolutamente nada...
miércoles, 11 de octubre de 2017
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