Esperemos a que el reloj cambie a la siguiente hora, esperemos ser los mismos por unos minutos más y ser nuevas personas apenas se ponga la aguja en su lugar, esperemos cambiar, convertirnos en... convertirnos en... ¿convertirnos en qué?
En qué pueden convertirse aquellos que no son nada, que son menos que nada, que son seres de humo, de aire, que son intangibles, que no viven, que solo caminan como entes por las calles, por los ríos, por los mares, por las aguas y hasta el fin del mundo, como una sombra, como una nada que vive y respira someramente.
Dame una razón para creer que lo que digo es verdad, para creer en lo que dices tú también, para no sentir este gran vacío, esta gran nada. Somos aves sin rumbo, somos figuras que no hacen mas que mirar al horizonte y preguntarse qué hicieron bien o qué hicieron mal.
Necesitamos nuevas razones para seguir, para sentir, para respirar y caminar. Necesitamos nuevas razones para producir lo que no somos, para fingir que somos algo, que somos alguien, que no necesitamos del amor de otros, ni de las miradas de la gente, para decirnos a nosotros mismos que la aprobación es una falacia, que las mentiras son reales y los monstruos pasajeros en el tren que nos lleva a un sin rumbo o a un sin fin.
Quiero pensar que en este punto ya no nos tenemos, que nos hemos superado, que también tú has aprendido a sufrir, que también aprendiste a amar y que al igual que yo, aceptaste que lo nuestro tal vez no fue amor, ¿notaste ese "tal vez"?, sí, yo también lo noté. Yo lo puse ahí, para ti. Para hacerte enojar y decirte que todo estuvo mal. Fuimos tal vez un mal necesario en la vida del otro, una rutina que rompió otra rutina anterior, un efecto del momento, del alcohol, del humo del tabaco, de la música, de una noche cálida en que la música se acopló a nosotros como si intentara crear una historia de amor que no existía y que era falsa, una historia cuyo propósito era enganchar a dos idiotas que pasaban por ahí. Sí, ya vi ese otro "tal vez", también lo puse ahí, ese fue para confundir. Necesitaría un millón de esos "tal vez" para no decirte que hubo mariposas cuando lograste entrar en mi vida.
Ahora ya no necesito de esos "tal vez", puedo decirte que no hay mariposas, no hay certeza, no hay nada. Y sin embargo, muy dentro de mi siento que siento algo, un algo que nunca sentí, que es cálido, que aunque a veces es frío, solo llega a ser tibio. Asumo que es amor, tal vez un día mire hacia atrás y descubra que solo fue un resfriado sentimental. Tal vez nosotros fuimos una jaqueca de muchos años. Así como aquellos a los que escogimos para escapar de nosotros se volvieron en un dolor de estómago, en una carga sobe nuestros hombros y nuestras espaldas. Quisiera creer que no, pero así es. Y ahora te refugias en ese dolor y dices que lo quieres, que no tiene la culpa y lo cuidas, cuidas a tu dolor como quien cuida a una joroba. Mejor deberías llenar de aire un globo, se vería más bonito, al menos te haría sonreír.
Compraré un globo rojo en honor a tu joroba y luego lo romperé, y haré pequeñas pompas con los restos para ver si éstas me dan una mejor vista de lo que tienes a la vista tú.
Ojalá pudieras ver el laberinto que armé de mi, le puse guías, le puse arena, vistas y puertas, miles de puertas, ninguna lleva a ningún lugar, son solo puertas, son adornos que te invitan a pasar pero que realmente no se abren para ti ni te acercan a nada. Así soy yo, solo un bonito adorno vacío, porque si no lo ves vacío, si lo ves lleno te quema, te ensucia, te mata.
Pero dicen que voy a sanas, que estoy en proceso de hacerlo, que algún día dejaré de ser aquella ninfa que te sedujo, ese dragón que te atrapó, la mujer que no soportas porque te refleja más de lo que te gustaría.
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