jueves, 28 de mayo de 2015

Tercer noche...

Sigo sin recordar el nombre de mi primer víctima después de ella. Sigo sin querer acordarme de su rostro, tal vez porque pienso que eso me librará de una condena a muerte el día en que las policía venga por mí. Que estúpido. Quise prometerme que no volvería a suceder, por el bien de mis hijos, por el mío propio y por ella, por su recuerdo, pero fue inútil, un par de meses después heme aquí otra vez intentando encontrar un poquito de ella en otras mujeres. Hoy fue un día especialmente ajetreado, supongo que eso influyó en que buscara una salida al estrés y al fastidio que sentía.
Esta vez decidí aparcar dos calles antes del centro, cerca de la zona hotelera, entre dos calles que conocían perfectamente mi identidad, dos calles en las que había pasado inmumerables minutos con ella, por ser éstas las calles que resguardaban su primer oficina. 
Caminé cerca de 20 minutos esperando que algo o alguien llamara mi atención lo suficiente como para entrar, hasta que finalmente la encontré, una trigueña cuya  risa fluida y estremecía cada poro de mi piel, una risa que casi podía jurar era la de mi esposa.
Hice lo acostumbrado, entré y pedí un trago nada fuera de lo común, un martini o un vodka siempre son suficientes para mantenerte un par de horas en un lugar y un buen incentivo para iniciar plática con alguna chica y si es con esa que ríe indiscriminadamente con sus amigas que mejor regalo a mi salida.
Me senté en la barra e hice lo habitual, di un vistazo a todo el lugar sabiendo perfectamente dónde estaba ella, pero sin prestarle mucha atención. Reconozco que no soy un tipo que pase desapercibido, probablemente no muchos fuera del gremio conozcan de mi a pesar de que he sido fotografiado en más de una ocasión debido al trabajo de Barb, sin embargo, tampoco fui el centro de atención en las pasarelas jajaja y las revistas médicas no son de interés popular. Pero aunque no me ubicaran por la prensa no soy mal parecido, con un metro noventa de estatura, complexión delgada que deja entrever una musculatura llamémosla discreta, más de una voltean a verme, si a eso agregamos unos rasgos finos pero que destacan dando una apariencia agresiva y a la vez sutil me abren fácilmente las puertas a casi cualquier reino. El resto corre por cuenta mía al adaptar mi personalidad a la ocasión. Por suerte tengo la habilidad de leer a las personas fácilmente, lo que me da ventaja para acercarme a quien decida y lograr mi objetivo. 
Estuve unos minutos aparentando no verla, pero me concentre en su entorno, sus amigas, los hombres a los que rechazaban, las bebidas que les llevaban y todo cuanto pude para conocerla antes de llegar a ella, luego por fin la vi, o más bien la observé. Traté de ser discreto, pues el que sus acompañantes se percataron de mi presencia podría acarrearle problemas a futuro, cuando ella ya no estuviera. Así que inmediatamente después de que volteó a verme regresé a mi postura anterior y le di la espalda. Conforme avanzo la noche, la gente y el bullicio aumentaron, dándome el escenario perfecto para actuar. Decidí tomar una mesa cerca de la entrada y me senté de espaldas a ella y su grupo, estar cerca de la entrada me daba acceso a otras mujeres, por si llegaba algo mejor, aunque yo ya había escogido.
Transcurrieron los minutos y las horas, una joven bastante atractiva e ingenua se acercó a mi esperando un trago, se lo di y la saqué a bailar, cualquier cosa que me acercara a mi objetivo, sobre todo porqué rocé con ella en varios momento e intercambiamos miradas discretas pero intensas que confirmaron mi atracción por ella y la poco indiferencia de ella hacia mi, aunque siempre evité ser objeto de escrutinio de sus amigas. 
Al cabo de un par de tragos y otro par de canciones mi "conquista" decidió que era objeto de confianza y que debíamos ir a otro lado. Aunque ella no me era indiferente yo ya tenía una meta, sin embargo, tampoco desaprovecho oportunidades. Especialmente cuando eras oportunidades vienen en paquete a de 20 años llamadas Mindy y que se encuentran solas en la ciudad. La acompañé a la salida y haciendo uso de una puerta oculta destinada al personal del lugar le dije que prefería estar con ella por la mañana, le hice ver que deseaba algo más y no solo un encuentro furtivo. Como era de esperarse se derritió en mis brazos, nos besamos un poco y yo no pude guardar la apariencia de buen chico por más tiempo. 
Terminé con Mindy (nombre estúpido para una niña estúpida) y regresé a la barra, decidí ir ahí porque vi que mi presa le había estado observando desde que volví a entrar, asumo que esperaba saber si el coqueteo llegaría a algo más o si me iría con la pareja improvisada. Fue a mi encuentro en menos de un minuto, tan decidida como si hubiera sido ella quien me escogió a mi. Utilizó una frase trillada para acercarse (decepcionante) pero la dejé jugar como protagonista, aparentó celos por no haberla invitado a bailar luego del flirteo inicial pero vio con buenos ojos que me decidiera de su competencia. Bailamos, intercambiamos un par de frases y cuando la hice reír supe que tenía que sacarla de allí, solo quedaba el inconveniente de sus amigas. Decidí que estaba aburrido del lugar que iría a caminar por el malecón, ella sin dudarlo se ofreció a acompañarme sin avisar a nadie de su ausencia, yo había prometido regresarla en una hora máximo, "solo quería tomar aire y se ser posible tener un espacio para charlar" (ilusa). 
Desde que llegamos a la calle la tomé de la mano, debía acostumbrarse a mi tacto, caminamos al malecón una calle abajo y una vez ahí ya todo estaba hecho. Tomé sus tacones para que estuviera más cómoda, caminamos mientras le hacía plática, ella reía y entre mas lo hacía más distraída se volvía y más nos alejábamos de la gente, mientras yo sentía aguijones apuntando al corazón cada vez que la escuchaba, era como tener la risa de mi amada atrapada en otro cuerpo. Llegamos a la parte baja del muelle y nos sentamos, la tomé de la barbilla muy suavemente, acerqué mi rostro al suyo recreando esa escena romántica del primer beso que tanto gusta a las mujeres. 
En ese momento descubrí que la apertura y confianza social no eran igualadas en la intimidad, definitivamente le habían roto el corazón hacía poco y estaba tratando de fingirse alguien más, tomando riesgos que en otro momento no habría tomado y eso le valió la vida. 

Ocurrió justo cuando la recosté en la arena, acaricié su cabello, sus senos, sus piernas, sentí la humedad en su interior y cuando estaba lista besé su cuello, en ese momento saqué un bisturí de la bolsa de la chaqueta y cuando mis labios volvieron a los suyos, el filo cortó su piel. Ahogué sus gritos con mis besos y su lucha bajo mi cuerpo habría parecido una escena apasionada para quien decidiera fijar sus ojos en nosotros. Lamenté no haber concluído el acto pero la cita del día siguiente parecía más prometedora. Cuando estuvo quieta saqué del bolsillo un spray sanitizante para borrar mi rastro, me levanté y caminé con paso aun mas relajado hacia el auto. 
Esa noche dormí mucho mejor que la última semana, lo que me llevó a determinar un remedio para el insomnio...

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