jueves, 31 de diciembre de 2009

Ausencia...

Tenias razón. El último segundo antes de perder la conciencia con casi nada de oxígeno en los pulmones y sumergida en el agua viendo al abismo, es maravilloso. Dejar de pelear, dejarte llevar, exhalar y abandonarlo todo... dejé de sentir, mis lágrimas se borraron en el agua, los pensamientos por fin se callaron! Sólo fui yo, estaba sola, la ausencia de todo increíblemente proporciona una paz tan grande que no hay palabras para describirla. El mundo dejó de importar, los pedazos de mi parecían suspendidos en la nada, este corazón pisoteado parecía sanar y volver a latir. Y luego...

Luego llegó mi ángel y verdugo, aquel viejo amigo y pseudoamante que me acompaña en las melancolías. Y no me dejó partir, a veces creo que estudió medicina sólo para frustrar mis intentos suicidas... claro, también conoce mi cobardía. Me regresó a la vida, a este maldito infierno... pude sentir la sangre por mis venas, el aire en los pulmones, el agua brotando de mi, y el dolor... ese maldito dolor que ya es parte de mi. Tenía razón, el cuerpo siente lo que el corazón no se atreve, pues resulta que ya no me duele el cuerpo, así que imagina como están el corazón y el alma.

Ahora no duermo, soñar últimamente es recordar y apenas cierro los ojos veo su rostro, sus ojos negros, su sonrisa, sus manos, todo... mi sueño se ha convertido en pesadilla.

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